¿Luchar o Amar? / ¿Fighting or Living?

Mi cuerpo es una batalla campal. Las células “buenas” están tratando de defenderse de las “malas”. No hay que darle tregua a las células traidoras, esas rebeldes e indolentes que minaron mi organismo y mi vida de enfermedad, dolor, angustia, sufrimiento y miedo.

Al escribir y re-leer el párrafo anterior, siento asombro. Hay algo de esas frases que no está bien, que no es coherente ni tiene mucho sentido.

¿Cómo voy a convertir mi cuerpo, con el que nací y el que me ha permitido transitar mi vida, en un campo de batalla? ¿Acaso esas células no forman parte de mi organismo? ¿Por qué las llamo “malas” e “indolentes”? ¿Quién lidera su comportamiento? ¿Son capaces de saber que me están ocasionando un daño?

Las campañas que existen alrededor del mundo para crear conciencia en torno al cáncer, por lo general utilizan un término, como verbo o sustantivo, que de por sí hace alusión a un acto agresivo: lucha / luchar. La “lucha” contra el cáncer… “Luchemos” contra el cáncer. Además, va seguido de otra palabra que determina una enemistad: “contra”. Estamos siendo llamados a luchar en contra de algo. En contra de nosotros mismos. Me pregunto, ¿cuál es la actitud que puede conducirnos a la sanación o a la no manifestación de la enfermedad? ¿estar a favor o estar en contra?
Sin entrar en detalles semánticos, ni mucho menos generar una discusión filosófica, mi razonamiento sólo pretende buscar una coherencia conceptual que me permita establecer un plan de acción efectivo para sentirme mejor y no tener más enfermedad.

No sólo la que generaron esas “células rebeldes”, como las llamaba al principio, sino, más importante aún, la enfermedad que muchas veces creamos con nuestros propios sentimientos y pensamientos. Son ellos, justamente, los que pueden direccionar nuestro comportamiento celular, para bien o para mal.

Creo que la idea, desde mi humilde punto de vista, es poder reducir al mínimo el grado de toxicidad que vamos acumulando en nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro espíritu y en nuestro corazón.

Muchas veces se elige aplicar métodos paliativos cuando algo está mal y no actuamos en la raíz del problema para, en el mejor de los casos, evitar intoxicarnos. Es como tomar un remedio que alivia los síntomas de una rinitis alérgica, en vez de buscar la causa del problema para no volver a tener alergia.

Durante todos estos años que he estado viviendo con células rebeldes en mi organismo he tenido tiempo para ir analizando varios planteamientos. He tratado de basarme e inspirarme en datos científicos que conocí a partir de mi diagnóstico, pero sobre todo, en los aprendizajes espirituales con los que me intento nutrir día a día.

Creo haber llegado a una conclusión que parece simple, pero requiere de un gran compromiso personal. El camino más efectivo para sanar el cuerpo y el alma de enfermedad o toxicidad, es el amor. Así es, el amor, en todas sus formas y manifestaciones.

Un abrazo, una palabra afectuosa, un beso, un gesto que demuestre cariño, pueden ser auténticas muestras de amor, independientemente del nexo y de las circunstancias. Todas ellas alimentan nuestra alma, son una potente inyección de vida y esperanza.

Sin embargo, muchas veces descuidamos las acciones amorosas que podemos y debemos brindarnos a nosotros mismos. Amarnos es la primera medida que nos puede conducir, no tan sólo a sanarnos, sino más bien, a no enfermarnos.

Se dice y escribe muy fácilmente. Pero todos sabemos lo difícil que puede llegar a ser. Se trata de un plan de acción complejo, integral, intenso y profundo. Para entenderlo mejor, me atrevo a graficarlo con la típica clasificación de las partes de nuestra existencia: Cuerpo / Mente / Espíritu /

Estas tres partes, a modo generalizado, demuestran nuestra integralidad. Ni siquiera un estornudo está divorciado de la parte mental y de la parte emocional. Todo nuestro ser, abosolutamente todo, está interrelacionado e interconectado.

“Tranquila, debes estar tranquila”, es el mensaje que siempre me transmiten los médicos. Esto, con la creencia de que nuestro estado mental y emocional influye en el estado físico. La ciencia ha ido aceptando la importancia de actuar en nuestro organismo como complemento y no como método único de curación.

La estrategia empleada hasta ahora por la medicina moderna, para poder “atacar” al cáncer de mama está compuesta por acciones agresivas y de alta toxicidad, como son: la cirugía, que rompe y extirpa, la quimioterapia que envenena y la radioterapia que aniquila.

Muchos podemos pensar que son una especie de comando armado con el claro objetivo de destruir células malignas y así lograr la paz en nuestro organismo. En el camino, hay numerosos efectos colaterales, en ocasiones radicales e irreversibles, pero que al mismo tiempo están justificados en función de un bien mayor.

En este punto resurgen las interrogantes del inicio. ¿Cómo contrarestar los efectos de dicho “ataque” a nuestro organismo? ¿Cuál debería ser nuestra actitud y nuestro plan de acción?

Hoy tengo la convicción de que la única manera en que puedo sanarme es a través del amor. Y amarme significa cuidarme. Cuidarme significa alimentarme, tanto física como espiritualmente, con todo aquello que no me perjudique ni me cause daño. Comer bien, ejercitarme, rezar o meditar, cultivar mi intelecto y procurar una actitud humilde, bondadosa y alegre ante la vida.

Si aprendo a amarme, estaré en capacidad de amar a otros con mayor profundidad y de crear una barrera pacífica ante posibles ataques, internos o externos, que pongan en peligro mi estabilidad y equilibrio celular, mental, espiritual y emocional.

Siento que no es justamente luchar contra el cáncer lo que estoy haciendo en estos momentos. Siento, en cambio, que estoy tratando de armonizar los elementos que le dan vida a mi ser. Siento que, poco a poco, célula a célula va respondiendo a una actitud pacífica y amorosa, con la que pretendo crear un ambiente propicio para una vida saludable.

Entiendo que mi fe, mi actitud y el amor pueden ser insuficientes para mi total recuperación. Pero, hasta ahora, han logrado reducir considerablemente el grado de toxicidad de mi ser, sirviendo de complemento fundamental al tratamiento médico.

Día a día, trato de aprender a amar las células que me dan vida. A todas y a cada una de ellas. No lucho contra ellas. Matarlas significaría un suicidio. Amarlas, significa darles y darme vida.

 

 

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My body is an uphill battle. The “good” cells are trying to defend themselves against the “bad” cells. I will not give rest to those traitors. They are rebels and indolent. Those cells have mined my body and my life with disease, pain, distress, suffering, and fear.

After writing and re-reading the previous paragraph, I feel amazement. There is something of those phrases that doesn’t sound so right, that it is not consistent nor makes much sense.

Why should I turn my body into a battle field? This is the body I was born in, it is the one that has allowed me to go through my life. Aren’t these cells part of my body? Why do I call them “bad” and “indolent”? Who leads their behavior? Are they capable of knowing that they can be causing me harm?

Generally, the international campaigns created to raise awareness about cancer, use words that refer to an aggressive act: fight / battle. To “fight” against cancer… The “battle” against cancer. In addition, it is followed by another word that determines a enmity: “against”. We are being called to fight against something. But “that something” is growing inside our bodies. I wonder, what can we do to heal our body from disease, without damaging it? What should be the appropriate attitude that can lead us to heal or, at least, to avoid the manifestation of cancer?

Far from generating a philosophical discussion, my reasoning just aims to find a conceptual coherence that would allow me to establish an effective plan of action, so I can feel better and have no more disease.

Not only the disease caused by those “rebel cells”, as I called them at first, but more importantly, the one that we frequently create with our own feelings and thoughts. Precisely, those are the elements that can route our cell behavior, in a good or a bad way.

I believe that the main idea is to reduce to a minimum the degree of toxicity we accumulate in our mind, our body, our spirit and in our hearts.

During all this time living with rebel cells in my body I have had the chance to analyze several approaches. I’ve tried to be educated and to be inspired by the scientific data that I’ve met since my diagnosis, but, above all, I’ve tried to be led by the spiritual learning that nourishes me everyday.

Humbly, I have come to a conclusion, which seems simple, but it requires a great personal commitment. The most effective way to heal the body and soul of disease or toxicity, is through love. That’s right, LOVE, in all its forms and manifestations.

A hug, a kind word, a kiss, or any gesture that demonstrates affection, can be authentic signs of love, regardless of the nexus and the circumstances. All of them can feed our souls, and can be a powerful injection of life and hope.

However, there are times when we forget to show love for ourselves. Love is what can lead us to our own healing, and love can also protect us from getting sick.

It is so easy to write this idea down. But it is a complex, holistic, intense and deep plan of action. To understand it better, I dare myself to use the typical classification of the parts of our existence: Body / Mind / Spirit /

In a general way, these three parts demonstrate our integrity. Our whole being, entirely, is interrelated and interconnected. Most of the doctors I have met believe that our mental and emotional states influence our phFighting or Livingysical state. The science has been accepting the importance of acting on our body as a complement and not as a unique method of healing.

So far, the strategy employed by the modern medicine is to “attack” breast cancer cells through aggressive actions and chemicals with high toxicity, such as: surgery, chemotherapy, and radiation.

Many may think that they are a kind of armed command, with a clear objective: to destroy malignant cells in behalf of finding peace inside our bodies. On the way, there are numerous side-effects, sometimes radical and irreversible ones, but they are justified for a greater good.

So, how to counteract the effects of this “attack” to our body? What should our attitude or our plan of action be?

I have the conviction that the only way I can heal is through love. This means to take care of myself. Nurturing me, physically and spiritually, with everything that can’t cause me any harm. Eating well and healthy, to exercise, to pray or meditate, to cultivate my intellect, seeking a humble, caring and cheerful attitude towards life.

If I learn to love myself, I’ll be able to love others with greater depth and to create a peaceful barrier against possible attacks, from the inside or from the outside, that can jeopardize my cellular, mental, spiritual, and emotional stability.

I feel that I am not exactly fighting against cancer. I feel, however, that I am trying to harmonize the elements that give life to my being. I feel that, little by little, each of my cells are responding to a peaceful and loving attitude. That is the attitude that can help me to create an appropriate environment for a healthy life.

I understand that my faith, my attitude, and love may not be enough for my total recovery. But, it has helped me to reduce the level of toxicity of my being, and it has served as a vital complement to the medical treatments.

Day by day, I try to learn to love the cells that give me life. Each and every one of them. I do not fight against them. Killing them would be a suicide. Loving them, will give life to my cells and to myself.

Karina Orozco

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