Una chica de ciudad en el campo

Nací en una ciudad capital. Edificios, autopistas, vallas publicitarias, bullicio y smog conformaban mi entorno cotidiano. Durante mi infancia, disfrutaba mucho los viajes familiares a las pequeñas poblaciones rurales donde vivían mis parientes. Era un bálsamo para mis sentidos.

A medida que crecía, mi deseo de estar en contacto con la naturaleza también iba creciendo. Para mí siempre había algo mágico en el olor de la hierba, en el aire puro y en la variedad de animales que completaban un escenario que me maravillaba.

Crecí como una mujer de ciudad, profesional y “moderna”. Pero aún así, mis ojos siempre buscaban algún espacio verde en medio del caos urbano para aliviar mi mente y mi alma.

Cuando mi esposo Raúl y yo decidimos mudarnos al campo, lo hicimos con la idea de simplificar nuestra vida y disponer de otra calidad de tiempo. Lejos de vecinos ruidosos, sirenas de vehículos, música a todo volumen, contaminación y días agitados.

Sabía que tendría que adaptarme a rutinas, actividades y horarios diferentes. Tendría que acostumbrarme a la tierra, a los insectos, a las inclemencias del clima, a los caminos intransitables, a mantener la hierba corta, a trabajar en la construcción de nuestra casa y a otras situaciones no menos desafiantes.

Además de todas las tareas de ama de casa, mis trabajos de escritura independiente y la enseñanza de inglés, he tenido que superar momentos muy difíciles debido a mis cirugías y tratamientos de cáncer de mama. El que me fue diagnosticado en 2013, apenas una semana después de que Raúl y yo compráramos el terreno que elegimos para construir nuestra casa.

Estar aquí, en medio del campo, pero conectada con el resto del mundo a través del Internet rural, me ha permitido respirar aire puro, escuchar el canto de los pájaros, disfrutar de noches silenciosas, comer alimentos de cultivo propio, jugar en la cocina y al mismo tiempo, seguir creando contenidos, escribiendo y enseñando inglés online. Estar aquí también me ha dado calma y fortaleza para hacer frente a esta dura enfermedad.

Viviendo en una pequeña comunidad rural, estamos cumpliendo un sueño y hemos encontrado un terreno fértil donde cultivar y cosechar amistades con mujeres y hombres que usan sus manos y creatividad para ganarse el sustento y vivir tranquilos.

Es un intercambio constante de experiencias y conocimientos. Todos saben un poco de todo y todos están dispuestos a ayudar. Saber de agricultura, animales, mecánica, construcción, costura, artesanía y hasta de medicina natural, es imprescindible para vivir en un entorno rural. Donde la vida puede resultar dura, salvaje, intensa, ecológica, solidaria, inspiradora, hermosa y romántica al mismo tiempo.

Ahora puedo presentarme orgullosamente al mundo como una mujer rural “moderna”, quien junto al amor de su vida, transmite lo estudiado mientras aprende del trabajo y la sabiduría de la gente rural. Una mujer que cura los daños espirituales, físicos y emocionales causados por el cáncer, a través del amor y los regalos infinitos que nos brinda la madre naturaleza.

Karina Orozco (Marzo 4, 2019)

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6 thoughts on “Una chica de ciudad en el campo

  1. Que lindo poder leerla! Verla!!! Esa sonrisa estará siempre en mi corazón.
    Un cariñoso saludo para ti Raúl, gracias por mantenerla siempre presente.

    1. Dani querida! Tú le insistías a mi flaquita hermosa para que escribiera y nos dejara sus pensamientos. Pronto llegará su libro a tus manos y aquí la encontrarás siempre revoloteando con su sonrisa. Un beso para ti y tu linda familia!

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