La selfie sin rostros

Siendo amantes apasionados de la fotografía y del cine, Karina y yo jamás aprendimos a hacernos una “selfie”.

¿Poco tecnológicos? No creo, ella sabía filmar y editar en equipos profesionales. Amén de que su maestría universitaria se basó en los dispositivos móviles y se adelantó casi 15 años a cosas que luego se masificaron.

Por mi lado, desde 1983, que tuve mi primera computadora y di mis primeros pasos en programación “Basic”, jamás paré de “hackear” todo lo que se me cruzó por el camino (sin fines delictivos, lo juro). En 1989 me contrataron para realizar videos profesionales usando computadoras, eran los comienzos de lo que hoy se hace con un teléfono.

Entonces, alguien con un mínimo de lógica, sentenciará que nuestras habilidades eran muy escasas.

El asunto es que la lógica no siempre funciona con los aspectos psico-emocionales. A nosotros nos causaba risa y un poco de vergüenza hacer una selfie.

Que lo intentamos, lo intentamos, pero no llegamos ni a comprar el famoso “palito”. Sí hemos tomado fotos uno del otro, pero las pocas que tenemos juntos, son gracias a la amabilidad de alguna persona que pasaba a nuestro lado, de familiares, de una fotógrafa en nuestra boda y tres que nos gustan mucho tomadas por mi hermana, mi madre y mi hija.

Nosotros pensamos que una fotografía debería traspasar lo estético y poder captar algo del espíritu de la persona. Y sentíamos que eso solo lo lográbamos cuando uno miraba al otro, cuando ella o yo estábamos del otro lado de la cámara, cuando nos decíamos cosas con los ojos.

Una mañana de primavera del año 2018, cuando el estado de salud de Karina comenzó a agravarse, sentí la necesidad de tomar una foto de nosotros mismos que pudiera representar lo que era nuestra vida juntos.

Ahí descubrí que no solo nuestros ojos hablaban, hasta nuestros pies expresaban nuestro amor. Así fue que silenciosamente, para no despertar a Karina, hice esta foto de nuestros pies. Porque así caminábamos y así dormíamos, uno sintiendo al otro.

Es una selfie sin nuestros rostros, pero como le dije a Karina cuando despertó ese día. Esta foto me acompañará el resto de mi vida. Resume lo que fuimos, lo que somos y seremos. Dos almas gemelas, aquí y donde sea.

*Hoy, 11 de marzo de 2020, se cumple un año desde el día que salimos de nuestra casa para Buenos Aires porque Karina se sentía muy mal.

Cuando cerramos la puerta, ella miró hacia atrás sonriendo con una mezcla de tristeza y dulzura, sabía que no regresaría.*

@ruralmode

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